Rubén Trejo. Despojo capitalista y privatización en México, 1982-2010


I. CAPITALISMO INFORMÁTICO

1.1.  Introducción

La crisis estructural del capitalismo que estalló en la década de los setenta del siglo xx expresó el agotamiento del modelo organizativo propio de la producción en masa del fordismo y de la cuarta revolución tecnológica basada en el motor de explosión interna y en el uso del petróleo barato. En respuesta, el capital inició un conjunto de transformaciones que die­ron origen a una nueva etapa histórica fundada en elementos como los siguientes: el paradigma tecnológico de la informática y las telecomuni­caciones; un nuevo patrón de dominación y de organización flexible de la fuerza de trabajo; la empresa red, cuyo sector de punta está enfocado en la producción de alto valor; una competencia intercapitalista centrada en la producción de conocimientos, marcas, diseños, bienes intangibles y principalmente en las ganancias extraordinarias generadas por las inno­vaciones tecnológicas; el impulso de la propiedad privada como relación social que garantice el adecuado desarrollo de los negocios materiales e intangibles y, medularmente, de la propiedad intelectual; la configuración de un espacio económico global producto de la naturaleza reticular y del funcionamiento en tiempo real de la tecnología informática; la integración de cadenas de producción mundiales y de bloques comerciales regionales en competencia; la acumulación por despojo, que abrió nuevas oportuni­dades de valorización; finalmente, las transformaciones de la instancia estatal a través del dominio del Estado neoliberal y de la concurrencia de organismos financieros internacionales en una política de fortalecimiento de las nuevas tendencias económicas en el contexto de la incorporación al mercado capitalista de diversos países, debido al colapso del mundo bipolar de la Guerra Fría y el derrumbe del denominado “socialismo real”.

Esta nueva etapa histórica del capitalismo ha sido objeto de diver­sas caracterizaciones por parte de diferentes corrientes teóricas, entre las más representativas están la del capitalismo cognoscitivo (Moulier, Dieuaide, Vercellone), la del capitalismo informático o informacional (Castells, Rivera, Dabat), la de la mundialización del capital y el régimen de acumulación rentista (Chesnais), la de la acumulación flexible y el nuevo imperialismo (Harvey), la de la economía basada en el conocimien­to (ocde), la nueva economía (Michael Mandel), la que se sustenta en la obra Imperio (Hardt y Negri). Estos son algunos términos utilizados para nombrar la nueva realidad histórica y que ponen el acento en aspectos específicos del capitalismo contemporáneo. Ahora bien, estas corrientes teóricas comparten ideas generales como el agotamiento de la economía industrial, el papel esencial de las nuevas tecnologías, la existencia de nuevas formas de organización de las empresas y del trabajo, la función cardinal del conocimiento y la relevancia de los bienes intangibles; desde luego los atributos y la importancia que le otorgan a cada elemento son diferentes, así como el análisis de la nueva etapa histórica del capitalismo que elaboran.

En mi investigación coincido con la corriente teórica que conceptualiza a la nueva etapa histórica como capitalismo informático, porque en mi opinión ubica adecuadamente el papel cardinal que tiene el paradigma tecnológico informacional en la transformación de las condiciones de producción (medios de producción y organización del trabajo) y, con ello, en el conjunto de la dinámica de acumulación así como en el todo social y cultural del mundo contemporáneo. (1) Igualmente, estoy de acuerdo con aportes teóricos fundamentales como los conceptos de paradigma tecno- económico (Pérez, Freeman) y acumulación por despojo (Harvey), así como con conceptualizar a la globalización como una configuración espacial de la última revolución tecnológica y de los flujos de capital (Petrella, Castells), por mencionar los más importantes. Para los fines de mi indagación utilizo estos dispositivos conceptuales porque me permiten analizar la problemática de la privatización articulada al contexto más amplio de las transformaciones históricas que experimenta el capitalismo.

No obstante, en este capítulo no pretendo exponer las teorías existentes sobre el capitalismo posindustrial, informacional o cognoscitivo (propósito que rebasa con mucho mi objeto de estudio). (2) Mi objetivo es más simple: ubicar las problemáticas más importantes de la actual transformación del sistema capitalista que me permitan explicar la privatización como un proceso articulado al conjunto de cambios experimentados en la dinámica de la acumulación de capital y en el ámbito socio-institucional.

 

1.2. Acumulación informático-flexible

A inicios de los años setenta el fordismo y el keynesianismo se mostraron incapaces de contrarrestar las contradicciones del capital y de impedir que llegara a su fin la denominada edad de oro del capitalismo. En los países industrialmente más desarrollados el ejército industrial de reserva disminuyó significativamente, las revueltas en contra del trabajo y la exigencia de aumento salarial generaron una restricción y una disrupción de la explotación así como un aumento de los costos de la explotación de la fuerza de trabajo (Holloway, 2004: 88). Los salarios reales aumentaron más rápido que la producción, lo que ocasionó la caída de la tasa de plusvalor y, en un contexto de crecimiento de la composición orgánica del capital, la caí­da de la tasa de ganancia, la irrupción de una crisis por sobreacumulación de capital y el inicio del periodo de estancamiento o regresión económica mundial correspondiente a la fase B de un ciclo Kondratiev (Mandel, 1976: 18-19). De acuerdo con Duménil (2007: 50), en Europa (Alemania, Francia y el Reino Unido) la tasa de ganancia decreció de 19.1% entre 1965-1974 a 14.1% entre 1975-1984 y en Estados Unidos mostró una tendencia similar pues pasó de 20.7% a 15.9% en los mismos periodos. La tasa de acumulación europea disminuyó de 4.8% a 2.3% y la estadounidense de 4.4% a 3.3%. (3) En cambio, la tasa de desempleo creció en Europa de 2.1% a 6.2% y en Estados Unidos de 4.6% a 7.7%. Esta disminución de la tasa de ganancia se explica en parte por una desaceleración del dinamismo del paradigma tecnológico anterior y por la caída de la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo, que en Europa pasó de 4.6% a 2.5% y en Estados Unidos de 2.2% a 1.0% (Duménil, 2007: 53). (4) Una consecuencia inmediata del panorama anterior fue el descenso de la tasa de crecimiento del costo salarial que en Europa se movió de 5.1% a 2.4% y en Estados Unidos de 2.4% a 1.1%, en los mismos tiempos (Duménil, 2007: 61). (5)

En el grupo de los siete la crisis que estalla en 1974-1975 se manifestó en la caída del producto interno bruto (pib) en cerca de 0.2% y el crecimiento del desempleo a más de 5% y de la inflación a aproximadamente 14%. (6) Después de una débil y breve recuperación se reafirmó la recesión en la siguiente etapa —“el periodo clave de la historia económica de las últimas tres décadas” (Rodríguez, 2005: 23)—, ubicada en el quinquenio de 1978- 1982: la inflación consolidó su tendencia a la alza y alcanzó su máximo de 13% en 1980; el pib continúa su desaceleración y decrece en 0.2% en 1982; el desempleo aumentó a 8% en 1982. Lo anterior manifestaba la influen­cia de variables decisivas sobre la inversión: se registró un incremento de 9% del costo de la mano de obra entre 1980 y 1982; en contrapartida, el rendimiento de capital (Rate of Return on Capital: roe) fue de 12.5%. En consecuencia, “las ganancias superaban en sólo 3.5% reales el costo de la mano de obra, un diferencial muy exiguo para el apetito burgués, además que al trabajador le pagaban un punto porcentual por debajo de la inflación. Así nadie está conforme” (Rodríguez, 2005: 23). Adicionalmente, la tasa de interés pasiva era mayor (13%) que el rendimiento del capital (12.5%), lo que estimulaba la desinversión. Finalmente, la tasa de interés activa por préstamos a corto plazo, la Federal Funds Rate de la Reserva Federal de Estados Unidos, era superior (16%) al rendimiento de capital (Rodríguez, 2005: 24-25). Estos indicadores muestran que el capitalismo enfrentaba problemas estructurales profundos que impedían una valorización adecua­da del capital.

A los anteriores indicadores negativos se agregó una característica de la época de la edad de oro, el incremento de los gastos del Estado, que se consideraban como incremento de los “costos indirectos de explotación”. La expansión del Estado fue caracterizada como onerosa para la rentabilidad general del capital (Holloway, 2004: 89). En los años setenta, en seis Es­tados (Alemania, Holanda, Bélgica, Francia, Australia, Italia) el “gasto en bienestar social superaba el 60% del gasto público” (Hobsbawn, 2003: 286).

La crisis estructural se presentó articulada a la caída del sistema monetario de paridad fija y su transformación en un sistema de tipos de cambio flotantes, el incremento espectacular de los precios del petróleo que afectó las balanzas comerciales e impactó el nivel de precios, la inflación desbordada que tuvo efectos negativos sobre la inversión, los ingresos y los beneficios, así como con las medidas fiscales y monetarias restrictivas de la política económica neoliberal que inhibieron el crecimiento económico y aumentaron el desempleo (Madisson, 1986: 173-186).

Las iniciativas de la clase capitalista y de su Estado para remontar la crisis económica fueron múltiples. En el plano estructural, los cambios en los paradigmas tecnológico y organizativo tuvieron como objetivo imponer un nuevo patrón de dominio sobre el trabajo, aumentar la productividad e incrementar la tasa de ganancia, el “motor de la producción capitalista” como la llama Duménil.

A finales de los años sesenta, la legitimidad social del taylorismo y del fordismo estaba quebrantada. (7) La cadena de montaje se mostró vulnerable al “ausentismo, al turn-over y más generalmente a las diferentes formas, larvadas o abiertas, de resistencia obrera” (Coriat, 2000: 21). (8) En res­puesta los conceptos organizativos que potenciaron la productividad de la cuarta revolución tecnológica se mostraron como una “inmensa máquina consumidora de tiempos muertos”. El concepto simple de la “división y de la hiperfragmentación del trabajo” es sustituido por un nuevo paradigma organizativo. Lo mismo ocurre con el concepto de la creciente simplifica­ción de las tareas, que es suplantado por una creciente calificación de un sector de la mano de obra. Simultáneamente se modifican las estrategias de competencia de las empresas. Así termina la era de la producción en masa de bienes estandarizados y en contrapartida emerge un nuevo tipo de competencia basada en la producción de bienes diferenciados y de ma­yor calidad así como en la fabricación por lotes (Coriat, 2000: 18). Estos cambios fueron posibles gracias a la creciente informatización del proceso productivo generada por las tecnologías de la información.

Para superar su esclerosis organizativa y su desgaste tecnológico, el capitalismo desarrolló una serie de formas productivas nuevas que transitaron de la línea fordiana automatizada y la línea tayloriana infor­matizada a la línea integrada flexible. La primera, que utiliza máquinas de programación rígida, se diferencia de la forma fordiana clásica en que “pasa de un sistema basado en un principio un puesto/un hombre/una tarea, a una organización de tipo un puesto/un hombre/varias máquinas/ un pequeño conjunto de tareas” (Coriat, 2000: 74). (9) La línea tayloriana informatizada consiste fundamentalmente en la automatización de la línea de montaje que genera una “revolución logística”. La incorporación de la computadora permite la “administración informática de las circulaciones y de las compras en una organización en redes y de ritmos flexibles a partir de trayectorias que pueden ser complejas” (Coriat, 2000: 76). La fabricación de mercancías se lleva a cabo mediante un “diálogo interactivo hombre/computadora” y en algunas tareas “la computadora administra directamente parte de la producción” (Coriat, 2000: 79). La nueva tec­nología permite un control obrero directo y en tiempo real así como una administración informatizada del conjunto del proceso de fabricación. El nuevo patrón de dominio capitalista en el proceso de producción es el siguiente: “En tiempo real la computadora central tiene detalle del tiempo pasado por los operadores en cada islote para efectuar un montaje dado. Como cada islote goza —por tipo de motor— de un tiempo asignado los rebasamientos eventuales son rápidamente localizados” (Coriat, 2000: 78). (10) Como sostiene Negri, se trata del panóptico virtual de la producción y la administración.

En la línea integrada flexible la fabricación está basada en “las series de puestos enteramente automatizadas” (por ejemplo, en el Robotgate, robots para soldadura). Por otro lado, la circulación “se realiza mediante carretillas guiadas por cable a partir de recorridos organizados en redes”. Finalmente la integración de la fabricación/circulación “es informática­mente administrada por computadoras” (Coriat, 2000: 81). Pero además, las líneas son flexibles “en el sentido de que están dotadas de medios de trabajo programables”. Como vemos, la forma integrada-flexible articula “las ventajas de la automatización de las fabricaciones [con] la optimi­zación de las circulaciones y de la flexibilidad de los medios de trabajo” (Coriat, 2000: 82). A diferencia de la línea tayloriana informatizada todas las operaciones se encuentran automatizadas, la fabricación, la circula­ción y las líneas están basadas en el paradigma de las tecnologías de la información.

En este proceso histórico opera una transición del “régimen de acu­mulación fordista-keynesiano” —como le llama la escuela de regulación francesa— hacia un “régimen de acumulación informático-flexible” que dio origen a una nueva onda ascendente del capitalismo mundial. (11)

Retomo de Harvey (1988) el concepto de régimen de acumulación flexi­ble pero incorporo el de paradigma informático, que alude a una de las transformaciones tecnológicas centrales en la nueva etapa histórica del capitalismo. El término informático-flexible indica con precisión que se trata de una flexibilidad especialmente en el uso de la fuerza de trabajo generada por el paradigma tecnológico informacional; es decir, que si bien la flexibilidad puede existir en otras etapas del capitalismo sin la base de la informática, como ocurrió incluso en las primeras reacciones organiza­tivas ante la crisis del fordismo, la tecnología de la información genera un nuevo régimen productivo al organizar, explotar y administrar en tiempo real a la fuerza de trabajo. Ahora bien, de acuerdo con la definición de Harvey, la acumulación flexible

apela a la flexibilidad con relación a los procesos laborales, los mercados de mano de obra, los productos y las pautas del consumo. Se caracteriza por la emergencia de sectores totalmente nuevos de producción, nuevas formas de proporcionar servicios financieros, nuevos mercados y, sobre todo, niveles sumamente intensos de innovación comercial, tecnológica y organizativa. Ha traído cambios acelerados en la estructuración del desarrollo desigual tanto entre sectores como entre regiones geográficas dando lugar, por ejemplo, a un gran aumento del empleo en el sector servicios así como a nuevos conglomerados industriales en regiones hasta ahora subdesarrolladas (como la “tercera Italia”, los diversos Silicon Valley, para no hablar de la vasta profusión de actividades en los países de reciente industrialización). Ha entrañado, además, una nueva vuelta de tuerca de lo que yo llamo “comprensión espacio-temporal” [...] en el mundo capitalista: los horizontes temporales para la toma de decisiones privadas y públicas se han contraído, mientras que la comunicación satelital y la disminución en los costos del transporte han hecho posible una mayor extensión de estas decisiones por un espacio cada vez más amplio y diversifi­cado (1998: 171-172). (12)

Expongo el régimen de acumulación informático-flexible en los siguien­tes puntos: el nuevo paradigma tecnológico informacional que revoluciona las fuerzas productivas; el paradigma organizativo en red y flexible de los procesos productivos; los nuevos espacios económicos que surgen de la globalización del diseño, la producción y la mercantilización de los bienes y servicios, y, finalmente, las nuevas fuentes de rentabilidad del capitalismo informático.

 

1.3.  Paradigma informacional

El capital puede incrementar la generación de plustrabajo a través de prolongar la jornada laboral, reducir el salario o bien aumentar la fuerza productiva del trabajo mediante la innovación de la organización y gestión del trabajo y de los medios de producción, generando así una revolución en las condiciones de producción. Esta transformación puede operarse, pues, tanto en la fuerza de trabajo —mediante el desarrollo de la cooperación y la división del trabajo que fue el aspecto fundamental de la manufactura— como en el medio de trabajo —mediante el desarrollo de la producción maquinizada en la gran industria—. Al reemplazar la fuerza humana por las fuerzas naturales a través de la maquinaria, la producción capitalista dejó de estar subordinada a la habilidad del productor directo y se transformó en una aplicación tecnológica de la ciencia, por lo que “darle a la producción un carácter científico es, por ende, la tendencia del capital y se reduce el trabajo a mero momento de ese proceso” (Marx, 1982: 221). (13) En efecto, el fundamento de la generación continua de revoluciones tecnológicas en el capitalismo es el desarrollo constante del conocimiento científico y de revoluciones científicas —como las denominó Kuhn (1971). (14)

Según Carlota Pérez, en el capitalismo han existido cinco revolucio­nes tecnológicas, entre 1770 y 2000. (15) Una revolución tecnológica, con su constelación de innovaciones técnicas, irrumpe más allá de los límites de las industrias y sectores en que surgió originalmente e impacta significa­tivamente en la modernización y en la elevación de la productividad del conjunto de las actividades económicas. El vehículo que propaga estas “herramientas genéricas —duras, blandas e ideológicas— cuyo conjunto modifica la frontera de óptima práctica para todos” es lo que Pérez deno­mina, inspirándose en Kuhn, “paradigma tecnoeconómico”.

Un paradigma tecnoeconómico es, entonces, un modelo de óptima práctica constituido por un conjunto de principios tecnológicos y organizativos, genéricos y ubicuos, el cual representa la forma más efectiva de aplicar la revolución tecnológica y de usarla para modernizar y rejuvenecer el resto de la economía. Cuando su adopción se generaliza, estos principios se convierten en la base del sentido común para la organización de cualquier actividad y la reestructuración de cualquier institución (Pérez, Carlota, 2004: 41).

Lo que hace viable la “óptima práctica” de un paradigma tecnoeco­nómico es un insumo particular o conjunto de insumos que se convierte en factor clave que permite “la caída de los costes relativos y la dispo­nibilidad universal” (Freeman citado en Castells, 2000: 87). A partir de este punto, la revolución tecnológica se propaga por toda la economía generando cambios cualitativos en la producción, la distribución y el consumo así como transformaciones profundas en la sociedad. Esta “oleada de desarrollo”, que va desde los pequeños brotes en sectores y regiones restringidas hasta abarcar la mayoría de actividades económi­cas de un país, “representa un nuevo estadio en la profundización del capitalismo en la vida de la gente y en la expansión por todo el planeta” (Pérez, Carlota, 2004: 47).

Ahora bien, si en las revoluciones tecnológicas de la época industrial la ciencia fue incorporada como fuerza productiva inmediata, ¿qué es lo nuevo del paradigma informacional? Lo específico de la revolución de la tecnología de la información no consiste en la incorporación del conoci­miento al proceso productivo, algo que hace el capitalismo desde principios del siglo xix con el motor de vapor. Según Castells,

lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos (Castells, 2000: 58).

Lo innovador consiste, pues, en “la acción del conocimiento sobre sí mismo como principal fuente de productividad” (Castells, 2000: 43). En efecto, “la tecnología de generación de conocimientos, el procesamiento de la información y la comunicación de símbolos” es la principal palanca del desarrollo de la productividad del trabajo en el capitalismo informático (Castells, 2000: 43). (15)

El paradigma informático integró, a lo largo de varias décadas, las más diversas e innovadoras trayectorias tecnológicas: la microelectrónica, las computadoras, las telecomunicaciones y la optoelectrónica (Castells, 2000: 66-74). (16) Esta convergencia es una de las características fundamentales de la revolución de las tecnologías de la información así como la base para la integración de ramas económicas y firmas empresariales que se vinculan a través de alianzas estratégicas, megafusiones y colaboración en investigación y desarrollo (Castells, 2000: 89). Asimismo es resultado de los esfuerzos de científicos, innovadores tecnólogos, laboratorios de investigación y empresas productoras asociadas estratégicamente con el capital financiero en las nuevas ramas económicas y en los nuevos productos que transformaron la dinámica económica y las reglas de la competencia del mercado mundial. En efecto, se trata de “productos y procesos de alta tecnología con grandes insumos de conocimiento y rentas tecnológicas” que originan “un nuevo tipo de competencia internacional entre las empresas y países por la apropiación de ese tipo de sobrebeneficios” (Dabat y Rivera, 2004: 52).

Lo específico del saber-hacer informacional es el procesamiento digital de símbolos. En consecuencia, la materia prima y el producto de la nue­va tecnología es la información: genera, almacena, procesa, transmite y transporta información en tiempo real sin estar sujeta a los límites de la geografía y de las fronteras nacionales. Esta segunda característica permite que las tecnologías de la información y comunicación (TIC) se incorporen al universo de las máquinas utilizadas en todos los ámbitos de la vida social sin que su aplicación se limite a las ramas tradicionales de la economía in­dustrial. Este desarrollo implicó un incremento de la capacidad productiva de la economía industrial y de servicios, y extendió los efectos de las TIC a los ámbitos social, cultural, lúdico y en general a la vida cotidiana (Castells, 2000: 88). Asimismo, la convergencia digital que integra la transmisión de datos, voz y video facilita sustancialmente el aprendizaje organizacional y el intercambio de conocimientos más allá de los límites de las compañías y de las fronteras nacionales (Dieter, 2003: 16). Adicionalmente, las tic transforman crecientemente una parte del conocimiento en información que circula por Internet, lo que propicia el abaratamiento del acceso a este medio y su conversión en bien público y ocasiona un conflicto con la forma de propiedad capitalista (Rivera, 2007: 57-58).

La estructura de funcionamiento en red de las TIC les permite interactuar e interconectarse con todo el sistema de las nuevas tecnologías de la información e incrementar así la capacidad de producción y transmisión de datos, música, video e información a cualquier parte del planeta en tiempo real a bajo costo (Castells, 2000: 88). Del mismo modo, la estruc­tura reticular de las tic permite una utilización distinta de los espacios de las actividades humanas. En la producción económica, por ejemplo, rompe el carácter unidimensional de la línea de montaje y lo sustituye por redes industriales basadas en la automatización flexible; asimismo, posibilita pasar del control rígido y burocratizado de la producción a la descentralización y desburocratización de la misma. Adicionalmente, las tic crean una nueva socialización sobre la base de redes de comunicación que da origen a la denominada “sociedad red”.

Finalmente, la flexibilidad que caracteriza a las TIC les permite recon- figurarse, reprogramarse y reequiparse, lo que facilita la transformación de las organizaciones, de la producción y de las instituciones (Castells, 2000: 89). La flexibilidad de las tic impacta decisivamente en el cambio de los paradigmas organizativos taylorista y fordista, en la competencia y en las estrategias de valorización del capital así como en los costos de la nueva tecnología provocando una difusión mayor de la misma.

Ahora bien, el paradigma informacional genera un nuevo “paradigma organizativo” que se extiende desde la organización de la producción, la estructura de las empresas y el espacio geopolítico y social. Estas trans­formaciones se articulan a un nuevo marco socioinstitucional que genera, a su vez, las condiciones propicias para el “total despliegue de esa revo­lución tecnológica, adecuándose a ella” (Pérez, 2004: 43). En consecuen­cia, la revolución de las tic genera cambios cualitativos en la estructura productiva así como una “transformación profunda de las instituciones gubernamentales, de la sociedad, e incluso de la ideología y la cultura” (Pérez, Carlota, 2004: 51). (17)

 

1.4.  Paradigma organizativo en red

Uno de los fundamentos organizativos de la acumulación flexible de la economía informacional es la “empresa red”, basada en el procesamiento de información y conocimiento gracias al nuevo paradigma tecnológico que permite la comunicación, la organización, la administración y la explotación en red y en tiempo real. Según Castells, la empresa red se puede definir como

aquella forma específica de empresa cuyo sistema de medios está constituido por la intersección de segmentos autónomos de sistemas de fines. Por lo tanto, los componentes de la red son autónomos y dependientes frente a ella y pueden ser parte de otras redes y, por ello, de otros sistemas de recursos dirigidos a otros objetivos. Luego la actuación de una red determinada dependerá de dos atributos fundamentales: su capacidad de conexión, es decir, su capacidad estructural para facilitar la comunicación libre de ruidos entre sus componentes; y su consistencia, esto es, el grado hasta el cual se comparten intereses entre los fines de la red y los de sus componentes (Castells, 2000: 199).

Más adelante, nuestro autor interroga: “¿por qué la empresa red es la forma organizativa de la economía informacional/global?”. Y responde lo siguiente:

Una respuesta fácil se basaría en un planteamiento empírico: es la que ha surgido en el periodo formativo de la nueva economía y es la que parece que funciona. Pero resulta más satisfactorio desde el punto de vista intelectual com­prender que esta eficacia parece estar en concordancia con las características de la economía informacional: las organizaciones de éxito son aquellas capaces de generar conocimiento y procesar información con eficacia, de adaptarse a la geometría variable de la economía global; de ser lo bastante flexibles como para cambiar sus medios con tanta rapidez como cambian los fines bajo el impacto del rápido cambio cultural, tecnológico e institucional; y de innovar, cuando la innovación se convierte en el arma clave de la competencia [...] En este sentido, la empresa red materializa la cultura de la economía informa­cional/global: transforma señales en bienes mediante el procesamiento del conocimiento (Castells, 2000: 200).

Este tipo de compañía, que surgió en la década de los ochenta, experi­mentó un avance significativo con el salto cualitativo de la tecnología de la información en los noventa. La colaboración y el control entre empresas y sus unidades productivas se potenciaron con la digitalización de la red de telecomunicaciones, la banda ancha y el incremento del rendimiento de las computadoras conectadas por la red gracias a los avances de la microelec­trónica y el software (Castells, 2000: 198). En efecto, con la computadora y la Internet la “pirámide jerárquica centralizada y compartimentada por funciones” que era el “marco óptimo” organizativo de la producción en masa se reveló rígida y difícil de manejar.

En su lugar—afirma Carlota Pérez—, la estructura en redes descentralizadas y flexibles, con un núcleo estratégico y un sistema de comunicación rápido, mostró su capacidad para adecuarse a organizaciones mucho más grandes y complejas al igual que a organizaciones más pequeñas (Pérez, Carlota, 2004: 45).

La empresa red es flexible e incorpora una serie de cambios tecnológicos y organizativos con la finalidad de incrementar la productividad y la competitividad. El paradigma tecnológico se articula con el paradigma organizativo en red y flexible de las empresas de modo desigual y combinado, por lo que sería erróneo establecer una relación causal mecánica entre ambos. Algunos principios de la organización flexible preceden a la revolución tecnológica informática, pero es ésta, específicamente la computadora, la que lleva a aquéllos a su máximo desarrollo. (18)

En opinión de Coller (1997: 43), la flexibilidad empresarial es un “fe­nómeno polimorfo” que integra prácticas socioeconómicas diversas, y que se define como “el conjunto de prácticas empresariales que se ponen en marcha para adaptar la organización a un entorno cambiante”. El am­biente inestable al que se adapta la organización puede ser la competencia intercapitalista, los cambios del mercado (la demanda) y la rebeldía de los trabajadores. En consecuencia, concluye nuestro autor, “tiene una dimensión política, ya que aunque se suele presentar de manera neutra como un requerimiento de la producción, el proceso de adaptación sobre el que se basa la flexibilidad no es neutro” (Coller, 1997: 43).

Al hablar de flexibilidad se deben distinguir dos dimensiones (externa e interna) y la flexibilidad del tiempo. La flexibilidad externa está asociada con la sumersión de actividades y la subcontratación. Ésta puede adoptar dos formas: la subcontratación de piezas o servicios y la descentralización de parte del proceso productivo; la primera crea una “estructura empre­sarial del tipo satélite en que pequeñas unidades productivas realizan las tareas que otra mayor les encarga”; la segunda genera una “organización productiva difusa en la que distintas unidades producen un bien o un servicio generalmente coordinadas por una empresa central especializán­dose cada unidad en una fase del proceso productivo” (Coller, 1997: 61). En ambos casos existe una relación de cooperación entre las firmas pero también un vínculo de dependencia de las pequeñas firmas y de control de las operaciones productivas estratégicas por parte de la gran empresa. En la dimensión de la flexibilidad interna se distinguen “cuatro áreas: la flexibilidad funcional, la numérica, la salarial y la que afecta al proceso de trabajo” (Coller, 1997: 45). (19) La polivalencia y la movilidad en tareas y puestos son los rasgos más relevantes de la flexibilidad funcional. (20) La flexibilidad numérica, por su parte, se basa en “contratos atípicos” con los trabajadores —temporales, de tiempo parcial, subcontratación— que le permiten a la empresa ajustar el número de trabajadores y los horarios de trabajo. La flexibilidad salarial, a su vez, vincula el salario con los méritos, el rendimiento y los objetivos establecidos por la empresa así como con los acuerdos salariales individuales que afectan los contratos colectivos y debilitan políticamente a los asalariados. La flexibilidad del proceso de trabajo está relacionada con tres características: la introducción de “tecnologías multiuso”, (21) [5] el enriquecimiento de tareas, y el sistema de trabajo just-in-time. Finalmente, la flexibilidad del tiempo tiene que ver con “el indicador de las horas extra” (Coller, 1997: 44-46).

Ahora bien, las compañías líderes ya no son las grandes empresas de altos volúmenes de producción de bienes y servicios, ni las que realizan costosas inversiones en activos tangibles, ni las que concentran grandes masas de trabajadores en sus plantas productivas. Más bien —según Reich—, las empresas hegemónicas tienen las siguientes características: primera, se encuentran constituidas por “una multitud de unidades y subunidades descentralizadas que se alian permanentemente con otros grupos similarmente descentralizados en todo el mundo” (Reich, 1993: 88); segunda, pasan de la producción de alto volumen a “los bienes de alto valor”, y, finalmente, desarrollan una fabricación flexible de bienes y servicios para satisfacer las heterogéneas exigencias del consumo. En consecuencia, concluye nuestro autor, la economía mundial está funda­mentada en los conocimientos de “alto valor” antes que en el capital o el trabajo rutinario, y sus productos son resultado de procesos internacio­nales, es decir, manufacturados en las redes mundiales de la economía. Por lo anterior, el principal activo de las empresas de alto valor es su “personal capacitado y experimentado antes que el bien que puede ser comprado o vendido” (Reich, 1993: 107) pues le permite obtener activos comerciales como patentes, derechos de autor y marcas registradas. El resultado es que en la composición del costo laboral tiende a disminuir el destinado a los trabajadores manuales y a crecer el de los trabaja­dores calificados dedicados a actividades intelectuales e intangibles (diseñadores, ingenieros, planificadores, abogados publicistas, expertos en marketing, etcétera). (22)

El modelo organizativo reticular crea una nueva cooperación y comuni­cación entre diversos centros productivos. La red productiva no necesita de un centro físico o territorial inamovible. No obstante, de acuerdo con Negri, “el movimiento centrífugo de la producción se balancea con la tendencia centrípeta del comando”. El capital está en condiciones de fiscalizar al trabajo desde cualquier parte y de manera centralizada: “el control de la actividad laboral puede potencialmente ser individualizado y continuo en el panóptico virtual de la producción en red” (Hardt y Negri, 2000: 141). La desterritorialización de la producción le otorga al capital un poder extraordinario sobre la resistencia laboral. Las poblaciones laborales estables y con poder de negociación son prácticamente desmanteladas y surgen formas de explotación bárbaras que se caracterizan por el trabajo no garantizado, el trabajo domiciliario, el cuentapropismo (trabajo sin salario y por cuenta propia), el trabajo por horas y el pago a destajo.

 

1.5.  Espacio económico global

Al posibilitar a la vez la dispersión y la integración de las redes de producción en tiempo real, la tecnología de la información hace que la economía sea global. (23) En efecto, la economía global se organiza en torno a redes internacionales de empresas y subunidades de empresas que permiten las transacciones intra e inter firmas (Castells, 2000: 219). Una de las formas elementales de estas redes es la integración mundial de las “cadenas de valor”. (24) Éstas articulan el conjunto de actividades, que son necesarias de principio a fin para elaborar y realizar un producto: el diseño, la producción, la entrega en el mercado y los servicios que ofrece al consumidor final. (25) Lo relevante de la óptica de Porter es el enfoque de integración mundial de redes eslabonadas que están vinculadas a los efectos de los costos y la eficacia del conjunto de actividades en los diversos países en que se establecen. Las ventajas competitivas de estas cadenas, determinadas por los costos bajos y los bienes diferenciados, requieren constantes innovaciones organizativas, tecnológicas y de dirección que aumenten la productividad (Porter, 1986: 20); asimismo, se convierten en una palanca fundamental de la competencia intercapitalista porque las empresas más importantes imponen barreras al acceso a estas cadenas para obtener rentas. (26)

La competencia intercapitalista impone la dispersión de las fases de diseño, producción y comercialización de las mercancías a través de las fronteras nacionales mediante la utilización de una estructura organi­zativa de redes empresariales. En opinión de Gereffi, la competencia capitalista se establece a escala global y las cadenas productivas son el punto culminante de este modelo reticular de la economía mundial (Gereffi y Korzeniewicz, 1994: 2). A su vez, la ubicación geográfica de las cadenas productivas está asociada con la búsqueda de salarios ba­jos y de flexibilidad laboral (Gereffi y Korzeniewicz, 1994: 6). Las redes económicas internacionales desarrolladas por el capital industrial y el capital comercial se pueden dividir en dos tipos de cadenas productivas, las dirigidas al productor y las destinadas al comprador; en las primeras las grandes corporaciones trasnacionales desempeñan el papel central en la coordinación de las redes de producción de industrias intensivas en capital y de alta tecnología; en las segundas, los grandes detallistas, los comercializadores y los fabricantes de marca “juegan papeles de pivotes en el establecimiento de redes de producción descentralizada en una variedad de países exportadores” (Gereffi, 2001: 16). (27) Ahora bien, estas cadenas poseen una estructura de poder que impone un “vínculo selectivo con los diferentes tipos de empresas líderes (lead firms) de las industrias globales” (Gereffi, 2001: 13).

Ernst Dieter profundiza el análisis de la globalización y advierte que ésta ha generado una decisiva innovación organizacional al impulsar el tránsito de las compañías multinacionales con objetivos de inversión única a las líderes de redes globales de producción (RPG), las cuales para nosotros, originan un nuevo tipo de empresa trasnacional. Estas redes integran “tanto las transacciones intra e inter empresa como las formas de coordinación: vincula las propias subsidiarias de las líderes, afiliadas y coinversiones con sus subcontratistas, proveedores, proveedores de servicios, así como los compañeros en las alianzas estratégicas” (Dieter, 2003: 24). La finalidad fundamental de las RPG es “proveer a las líderes con acceso rápido y a bajo costo a recursos, capacidades y conocimientos que son complementarios a sus capacidades centrales” (Dieter, 2003: 25), lo que genera importantes ahorros en los costos y ventajas competitivas que permiten a las compañías líderes adquirir posiciones cuasi monopólicas y un poder de mercado mediante la especialización, así como crear barreras al acceso de otras empresas, incrementar su capacidad de innovación y difundir conocimientos productivos.

Las redes globales de producción articulan dos procesos fundamenta­les: la dispersión concentrada y la integración de actividades. La primera alude a una acelerada “dispersión geográfica con concentración espacial”. Las actividades manufactureras y de servicios transfronterizos se han “concentrado en un creciente, pero aún limitado, número de clusters de bajo costo especializados” (Dieter, 2003: 26). (28) Estos espacios productivos crean, por un lado, oportunidades de difusión del conocimiento hacia los proveedores impulsando la formación de capacidades locales; sin embargo, por otro lado, imponen serias restricciones dependiendo de la composición de la mercancía elaborada por la red.

Por otro lado la integración se estructura en torno a “varios círculos jerárquicos” que determinan el acceso y la posición de dominio de los integrantes de una RPG. Existen dos círculos jerárquicos: el de las em­presas líderes de redes y el de las proveedoras locales. En el primero se distinguen

dos tipos de líderes globales: i) “líderes de marcas”, como Cisco, General Electric, ibm, Compac o Dell; y ii) “fabricantes por contrato”, como Solectron o Flextronics, que establecieron sus propias rpg para brindar servicios inte­grados de proveeduría a la cadena global a los “líderes de marca” globales (Dieter, 2003: 29). (29)

Las ventajas que obtiene la líder de marca al subcontratar manu­factura en volumen y servicios de soporte son disminuir los costos, diferenciación de producto, tiempo de mercado y deshacerse de manu­facturas no estratégicas y de bajo margen de operaciones. La empresa líder mantiene su posición privilegiada gracias a un modelo organizativo basado en la “especialización vertical” que le permite mantener en sus manos las actividades en las que posee ventajas estratégicas y subcon­tratar aquellas que no le representan ninguna superioridad. En suma, la fuerza de la líder deriva de dos fuentes: el control cardinal sobre “los recursos y capacidades cruciales que facilitan la innovación”, entre ellas, la investigación y desarrollo (I&D) básicos y el mercadeo estratégico; segunda, su “capacidad para coordinar las transacciones y el intercambio de conocimiento entre diferentes nodos de la red”; de estos dos principios emana su “capacidad superior para generar ganancias” (Dieter, 2003: 31).

El círculo jerárquico de los proveedores locales se divide en dos tipos, los líderes de nivel superior y los de nivel inferior. Los primeros desem­peñan el papel de bisagra productiva entre las empresas líderes de redes y los proveedores de nivel inferior, poseen valiosos activos de propiedad y construyen su propia red de clusters que le permite cubrir el conjunto de la cadena de valor y coordinar la proveeduría global. Los proveedores de menor nivel, por su parte, tienen entre sus ventajas competitivas los bajos costos, la velocidad y la flexibilidad de entrega, aunque ocupan una posición endeble en la red global; son financieramente débiles, carecen de activos de propiedad y son altamente vulnerables ante los cambios de los mercados, las tecnologías y las crisis financieras. En suma, “son usados típicamente como ‘rompedores de precios’ y ‘colchones’, y pueden ser ex­pulsados sin previo aviso” (Dieter, 2003: 32).

La competencia intercapitalista obliga a las empresas a establecer “juegos estratégicos complejos” para anular los movimientos de sus antagonistas, sobre todo en las industrias intensivas en conocimiento, mediante reducciones de precios y la acelerada diferenciación de pro­ductos, en mercados que cambian velozmente, por lo que las posiciones de las líderes son vulnerables e inestables. Estos factores determinan la organización y la ubicación de las empresas puesto que ni siquiera una compañía líder de mercado puede desarrollar por sí sola la diversidad de capacidades y ventajas que exige la competencia global. Imponerse en la competencia mundial requiere echar mano de ventajas y capacidades que están fuera de la empresa líder y que van desde el ensamblaje ele­mental hasta el conocimiento y el diseño complejos. En suma, se trata de un cambio organizacional decisivo que va de la “jerarquía funcional multidivisional de las corporaciones multinacionales” al modelo de líder global de redes (Dieter, 2003: 23).

En efecto, las corporaciones trasnacionales fordistas propias de la economía mundial de la segunda posguerra se transformaron sustan­cialmente. La tradicional trasnacional basada en una organización mul­tidivisional y multiplanta integrada verticalmente, en la denominada administración científica del trabajo y en la separación de la propiedad accionaria de la gestión de dirección, entró en crisis y registró un cambio cualitativo (Dabat, 2000: 23-28).

Las nuevas características de las trasnacionales son las siguientes: en primer lugar, sostienen una relación con la ciencia y la tecnología como fuerzas productivas estratégicas y fuentes de beneficios extraordinarios.

Este vínculo se expresa en su organización como empresa trasnacional flexible, la informatización de la dispersión integrada de sus redes de producción y de valorización, la función cardinal de la producción y la difusión de conocimientos productivos, y la importancia creciente de la renta tecnológica. El segundo rasgo de esta empresa es el alcance geo­gráfico global que les proporciona la dispersión integrada de las cadenas de valor en diversos países, lo que les da acceso a ventajas competitivas basadas en la mayor movilidad y flexibilidad de su capital, y en la utiliza­ción de las desigualdades institucionales de distintas naciones. La tercera característica de las trasnacionales es la organización de la empresa líder como red, lo que le permite establecer vínculos con el conjunto de empresas integradas en las RPG. La red trasnacional generalmente se desempeña como líder de marca o de fabricantes por contrato.

Ya hemos visto cómo opera la dispersión de actividades de la líder entre las redes de proveedores locales y la concentración de la primera en las áreas estratégicas y de mayor rentabilidad. Adicionalmente, se organizan en redes la comercialización, el abastecimiento de materias primas, los saberes tecnológicos y los servicios al cliente mediante vínculos contrac­tuales estables con otras compañías (Dabat, 2000: 29). Finalmente, en el plano financiero, el nuevo sistema de titularización y bursatilización del crédito, la globalización de los mercados y la inestabilidad cambiaría trans­formaron tanto a las grandes firmas financieras como a las no financieras. La compañía financiera tradicional, el banco comercial internacional, es sustituida por un

nuevo tipo de empresa especializada en la inversión, especulativa de valores (fondos mutuales y de protección, sociedades y bancos de inversión). Su for­ma más característica será el Hedge Fund o empresa de inversión altamente apalancada orientada hacia el tipo más rentable y riesgoso de operación es­peculativa (Dabat, 2000: 30).

Esta empresa encabeza los ataques especulativos contra las monedas nacionales débiles y es el actor principal de las nuevas crisis financieras.

Las empresas trasnacionales no financieras dependen crecientemente de la inversión de portafolio (bonos, acciones, acceso a capital de riesgo) y su desempeño está vinculado, más que con la IED, con el “financiamiento externo y la inversión accionaria (adquisiciones, fusiones, participación minoritaria, joint ventures, etcétera)” (Dabat, 2000: 31). (30)

 

1.6.  Excedente económico informacional

El motivo central de la reproducción ampliada del capital es la obtención incrementada de ganancias. No obstante, en su continuo movimiento cíclico, la tasa de ganancia experimentó una caída que dio lugar a la crisis de 1974-1975 y desde mediados de los ochenta se registró una tendencia a la alza tanto en Estados Unidos, que recuperó el nivel de principios de los setenta, como en Europa, donde se recuperó el nivel de mediados de los sesenta (Duménil, 2007: 97). Ahora bien, con la finalidad de explicar la nueva etapa histórica, es conveniente preguntarse cómo obtiene el capitalismo informacional los excedentes económicos suficientes para el crecimiento económico. Según Duménil (2007), existen dos formas articuladas de incrementar la tasa de ganancia: una regresiva, basada en el deterioro de las condiciones salariales y de vida de los trabajadores, y otra progresista, fundada en un nuevo paradigma tecnológico y organiza­tivo. (31) La manera progresista está asociada a la aparición de nuevos tipos de fuerza de trabajo y la conversión del conocimiento y la información en fuentes de valorización. La manera regresiva, a su vez, está relacionada con formas bárbaras y flexibles de explotación de la fuerza de trabajo.

 

1.6.1. Nuevos tipos de trabajo

La acumulación informático-flexible se fundamenta, además de en el nuevo paradigma tecnoeconómico y organizativo, en la transformación de la naturaleza del trabajo y, con ello, en nuevas formas de creación de plustrabajo. En efecto, en la economía informática el trabajo intan­gible se convierte en la forma predominante de la mercancía fuerza de trabajo, con lo cual se transforman los espacios y los tiempos de la explotación capitalista. Los nuevos bienes inmateriales como los ser­vicios, los conocimientos, la información, los afectos y la comunicación son generados por trabajo intangible. Según Negri, existen tres tipos de trabajo inmaterial: a) el que se desarrolla en el ámbito de la economía industrial informatizada, que tiende a convertir a la manufactura en un servicio en el que se combina el trabajo material industrial con el trabajo intangible (Hardt y Negri, 2000: 140); (32) b) el trabajo inmaterial de la informática y la comunicación que está vinculado a los “servicios simbólico-analíticos” —como los denomina Reich—, que es el trabajo que “reclama el valor más elevado” y se ha convertido en la clave de la competencia en la economía global (Hardt y Negri, 2000: 139); (33) y c) el trabajo inmaterial afectivo, que se dedica a “la creación y manipulación de afectos” la interacción y el contacto humano (por ejemplo, la salud y elentretenimiento). Este trabajo es inmaterial “aun cuando sea corporal y afectivo, en cuanto que su producto es intangible, un sentimiento de comodidad. (34)

Ahora bien, en el proceso de trabajo informacional la valorización está vinculada a la innovación, el potencial de investigación y la coordinación de las cadenas productivas globales. La innovación del proceso y de los productos es lo que fundamentalmente genera valor añadido. De tal suerte, los diseños de nuevos chips y software son decisivos para la competencia en la industria eléctrica y las principales fuentes de la creación de valor (Castells, 2000: 272) (véase Rivera y Dabat, 2007: 59). Lo anterior está determinado por el potencial de investigación para generar nuevos cono­cimientos y la aplicación específica de los mismos (Castells, 2000: 272). Finalmente, gracias a las redes globales de producción la burguesía puede gestionar su capital, transferirlo a cualquier parte del mundo y dirigir la explotación del trabajo manual e intangible en todo el planeta en tiempo real. (35) En efecto, un resultado clave de las rpg es que “una porción creciente del valor agregado se dispersa por encima de las fronteras de la empresa así como más allá de las fronteras nacionales” (Dieter, 2003: 31). Es decir, la valorización es resultado de un encadenamiento de producción global. Prácticamente todas las partes de la rpg relacionadas con la producción intangible y física del bien producen una porción del valor y del plusvalor global y éste se distribuye entre las múltiples empresas que colaboran en la producción final de la mercancía. Hay, pues, un cambio sustancial en la forma en que el obrero produce el plusvalor contenido por ejemplo, en una computadora. Los proveedores de diversos niveles así como las empresas líderes de distintos niveles producen y se apropian partes del plusvalor generado globalmente. Esto, desde luego, implica otra escala y otra forma de organización del sometimiento y la explotación de la fuerza de trabajo manual e intelectual.

 

1.6.2. El conocimiento y la información como fuentes de valorización

En opinión de Castells, el capitalismo informacional organiza su produc­ción en torno al principio de “maximización de la productividad basada en el conocimiento” a través de las tecnologías de la información y la infraestructura de las telecomunicaciones (Castells, 2000: 233).

Por su parte, Rivera distingue con precisión entre conocimiento e in­formación y sostiene que el nuevo capitalismo se basa en una “conversión masiva de conocimiento en información y el uso de esa información como insumo productivo gracias a lo cual se incrementa explosivamente el valor de uso de los bienes (mayor calidad, variedad y sucesión acelerada de modelos) y por ende su valor” (Rivera, 2007: 58).

El conocimiento se transforma en información mediante la codifica­ción que posibilita su conversión en mercancía. Lo anterior convierte a la información en el fundamento de la valorización del capital, por lo que el informacionalismo permite “extraer rentas tecnológicas de las nuevas posibilidades del manejo de la información”. (36) En cambio “el mercado del conocimiento es muy ‘delgado’, o sea, constituye un monopolio bilateral, en el cual comprador y vendedor asignan al bien un valor discrepante” (Rivera, 2007: 58). De lo anterior Rivera concluye que, “dado que la valorización se fundamenta en la información, es preferible hablar más bien de capitalismo informático que de capitalismo cognoscitivo” (Rivera, 2007: 58).

Por su parte, la teoría del capitalismo cognoscitivo se basa en la hipó­tesis de que “el conocimiento se presenta cada vez más como la base de la creación de valor y de la acumulación de capital” (Dieuaide et al., 2007: 75). En la economía actual, crecientemente virtualizada y en la que la información desempeña una función capital, hay un “desplazamiento del centro de la valorización hacia los procesos cognoscitivos” (Boutang, 2007: 193). Varcellone señala que el saber y el no-trabajo en general ponen en cuestión “la teoría del valor, por lo que el tiempo de trabajo inmediato consagrado directamente a una actividad de producción material es la principal fuente productiva del trabajo humano” (Varcellone citado en Husson, s/f: 6).

 

1.6.3.   Formas bárbaras y flexibles de explotación

Como indiqué anteriormente, la acumulación flexible está acompañada de una estructura flexible del mercado laboral, que presenta las siguien­tes características: creciente control de la mano de obra; incremento del desempleo; desplazamiento de las inversiones hacia regiones en las que predominan prácticas laborales regresivas y salarios bajos; rápida des­trucción y reconstrucción de las calificaciones laborales; reducción del salario real; retroceso de la organización sindical; regímenes y contratos laborales flexibles; sustitución del empleo regular por contratos y sub- contratos de trabajo temporal o de medio tiempo; incorporación de las mujeres al mercado laboral en condiciones desventajosas; renacimiento de viejos sistemas de trabajo doméstico, familiar y artesanal en empresas integradas a la red de subcontratación de las trasnacionales; intensifica­ción de la jornada de trabajo y aumento de la productividad; aplicación de la “estrategia de la bancarrota” con la finalidad de cancelar los contratos sindicales (Harvey, 1998: 173-175; Coller, 1997: 44-46; Morera y Rojas, 2009: 11-14).

 

1.6.4.  Vacío en la problematización

De lo expuesto hasta aquí se desprende que en el capitalismo contempo­ráneo el excedente económico se genera con base en el incremento de la productividad mediante la introducción de tecnologías de la información, las nuevas formas de organización en red del trabajo, la incorporación de nuevos tipos de trabajo a los circuitos de valorización, la conversión del conocimiento y la información en las fuentes más importantes de valor, así como la desvalorización de la fuerza de trabajo a través de un mercado laboral flexible.

Aunque, como vemos, existen diversas posturas teóricas a este respec­to, se trata, paradójicamente, de uno de los aspectos menos problematizados del capitalismo actual. Ninguna de las diversas corrientes teóricas explica cómo generan valor y plusvalor los nuevos trabajadores dedicados a la producción de saberes e información y en general a la producción de nuevos bienes intangibles. Las teorías del capitalismo informatizado o cognoscitivo dan como un hecho que el conocimiento y la información son nuevas fuentes de la rentabilidad capitalista pero no demuestran cómo el trabajo inmaterial produce plusvalía.

 

1.6.5.  Hallazgo teórico

Aunque el análisis de un objeto de estudio concreto limita la posibilidad de hacer generalizaciones teóricas, pienso que la presente investigación permite una generalización analítica, vinculada con el estudio específico de la empresa mexicana de telecomunicaciones más importante, Telmex, como espero demostrar en el capítulo 5 (apartado 5.7, referente a la plus­valía en tiempo real y virtual), el proceso de almacenamiento, transmi­sión y procesamiento de bienes intangibles de la comunicación, que lleva a cabo la fuerza de trabajo comunicacional genera un tipo de plusvalía que denomino “plusvalía en tiempo real y virtual”, muy diferente de la plusvalía relativa —que deriva del aumento de la productividad mediante la incorporación de las tecnologías de la información— y de la plusvalía extraordinaria que surge gracias al monopolio temporal de la innovación tecnológica, que algunos autores identifican con la renta tecnológica. Este hallazgo, obviamente, no supera el vacío teórico arriba señalado, objetivo que rebasa con mucho los alcances de la presente investigación. No obstante, el estudio de este caso concreto ha permitido entrever un posible camino para explicar cómo opera la valorización del valor en la época informacional.

 

 

Notas:

(1) Alejandro Dabat sostiene que “la caracterización del nuevo capitalismo como informático parte del papel central de la revolución informática en la transformación de los medios de producción a partir de la difusión de la tecnología digital y la generalización del uso social del principal medio central de producción, la computadora” (Dabat, 2006: 34).

(2) Una exposición actual de estas teorías se encuentra en Rivera y Dabat (2007).

(3) Este autor define la tasa de ganancia como la relación entre “las ganancias y el stock de capital fijo neto” y la tasa de acumulación “es la tasa de crecimiento del stock neto de capital fijo”. Véanse las interesantes gráficas de estos indicadores (Dúmenil, 2007: 46).

(4) Para este autor la tasa de productividad del trabajo “mide la evolución de la producción realizada en promedio por un trabajador en una hora”. Brenner ofrece datos similares: en Estados Unidos este indicador baja de 2.7% (1950-73) a 1.1% (1973-93) y en el G-7 de 3.6% a 1.3% (1999: 21-23).

(5) En Estados Unidos el salario real por hora cayó 12% entre 1973 y 1990* decreciendo a una tasa anual de 0.7% (Brenner, 1999: 20).

(6) Según Madisson (1986: 173), en 16 de los países occidentales más desarrollados la tasa media anual de inflación se duplicó al pasar de 4.1% entre 1950-1973 a 9.5% entre 1973- 1979. La tasa del crecimiento del pib, por su parte, pasó de 4.9 a 2.5, en los mismos periodos.

(7) El taylorismo organiza el trabajo en “tiempo asignado”, que está fundado a su vez en la trilogía de “especialización de funciones, fragmentación de tareas y medición de tiempos y movimientos”; el fordismo lo organiza a través del “tiempo impuesto”, basado en el “principio de la transportación mecánica de las piezas a lo largo de las líneas concebidas para resguardar operaciones sucesivas” (Coriat, 2002: 20).

(8) Según Aglietta “la lucha de clases en la producción porta en germen una nueva e importante transformación del proceso de trabajo, el neofordismo” (1988: 99).

(9) Sobre el neofordismo, consúltese Aglietta (1988: 99-107).

(10) Según Holloway (2004: 47), las derrotas de las resistencias obreras “permiten a la dirección empresarial hablar de introducir técnicas patronales japonesas y de desplazarse desde la producción just-in-case a la producción just-in-time”.

(11) Según Lipeitz, el régimen de acumulación “describe la estabilización en un largo periodo de la asignación del producto neto entre el consumo y la acumulación; implica cierta correspondencia entre la transformación de las condiciones de producción y las condiciones de reproducción e los asalariados.” (Citado en Harley, 1998: 143). Altamira, por su parte, sostiene que el concepto de régimen de acumulación “esdefinido en términos de las condiciones en las cuales son obtenidas, divididas y difundidas las ganancias de productividad. Esta manera de definir el régimen de acumulación pone en el centro de la caracterización la contradicción entre capital y trabajo” (Altamira, 2006: 81).

(12) Arrighi, desde su concepción del capitalismo como sistema-mundo, elabora una concepción diferente a la regulacióncionista y a la de Harvey. Sostiene que el “régimen de acumulación a escala mundial”, se transforma sucesivamente a causa de los “ciclos sistémicos de acumulación” (Arrighi, 1999: 14-23).

(13) En la maquinaria, nos dice Marx, “el medio de trabajo cobra un modo material de existencia que implica el reemplazo de la fuerza humana, y de la rutina de origen empírico por la aplicación consciente de las ciencias naturales” (1985: 469).

(14) Sobre el concepto de paradigma científico, véase igualmente Kuhn (1971: 13, 173 y 174).

(15) La investigadora define a una revolución tecnológica como “una constelación de innovaciones técnicas estrechamente interrelacionadas, la cual suele incluir un insumo de bajo costo y uso generalizado —con frecuencia una fuente de energía, en otros casos un material crucial— además de nuevos e importantes productos, procesos, y una nueva infraestructura” (Pérez, Carlota, 2004: 32).

(15) El autor distingue tres modos de desarrollo que se articulan a diversos modos de producción a lo largo de la historia de la humanidad: el modo de desarrollo agrícola, que tiene como fuente de productividad a la tierra; el modo de desarrollo industrial, cuya fuente de productividad es la ciencia aplicada a la producción; el modo de desarrollo informacional, en el que, como ya señalamos, la fuente de productividad es la tecnología generadora de saberes y de procesamiento de información.

(16) Miguel Ángel Rivera afirma al respecto: “La actual revolución está constituida esencialmente por cuatro familias de innovaciones: la microelectrónica, la computación, el software y las telecomunicaciones. El insumo clave son los productos microelectrónicos, y la tecnología genérica es la interfase entre hardware y software, apoyada por la digitalización” (Rivera, 2005: 111-112).

(17) Según la autora, la articulación de los cambios en la estructura productiva y socioinstitucionales nos permite “hablar de la construcción de modos de crecimiento sucesivos y distintos en la historia del capitalismo. El proceso de destrucción creadora ocurre, entonces, cada 50 o 60 años tanto en la economía como en el ámbito sociopolítico” (Pérez, Carlota, 2004: 51).

(18) Coriat, por ejemplo, describe una innovación organizacional postayloriana no fundada en la innovación tecnológica: grupos de trabajo con tareas homogéneas, redes de minilíneas que sustituyen a la unidimensional línea de montaje, carretillas que se desplazan en red con ritmos flexibles que sustituyen a la banda transportadora (Coriat, 2000: 22).

(19) El autor utiliza los conceptos de flexibilidad funcional, flexibilidad numérica y flexibilidad financiera —que renombra como flexibilidad salarial— aportados por John Atkinson (Coller, 1997: 44-45).

(20) Según Holloway (2004: 31), la “palabra clave en la reforma de las normas de trabajo es flexibilidad. Flexibilidad significa esencialmente la remoción de barreras al derecho de la empresa de decir a los trabajadores qué hacer, dónde hacerlo y a qué ritmo. Los obreros ya no deben insistir en definiciones de tareas: deben ser lo suficientemente flexibles como para moverse de una tarea a otra”.

(21) La flexibilidad técnica, en opinión de Coriat, se despliega en cinco dimensiones: 1) la flexibilidad del producto: sobre una base técnica se elabora “una variedad de productos diferentes que tienen algunos componentes comunes”; 2) la flexibilidad de gama, o se modifica el proceso de elaboración del producto para cambiar algunas “características externas y secundarias” de las mercancías; 3) la flexibilidad de elementos en la que el proceso de producción puede ser simplificado o complicado a costos bajos o nulos (esta es la base de las flexibilidades de producto y de gama); 4) la flexibilidad de envío, que “se refiere a la capacidad de transportar por banda el producto a través de las redes de circulación compleja hacia segmentos de producción libre o subutilizados o especialmente preparados para fabricar una variedad dada del producto”, y, finalmente, 5) la flexibilidad de volumen: la línea se ajusta a los cambios cuantitativos generados por las modificaciones del nivel de demanda arreglo que se “obtiene modificando los ritmos de transporte por banda y de intervención de las herramientas” (Coriat, 2000: 65-66).

(22) Del total del costo de un chip semiconductor 3% corresponde a materia prima y energía, 5% a equipo y fábrica, y 85 % a los servicios de diseño y técnicos, patentes y derecho de autor (Reich, 1993: 109).

(23) Según Castells, la economía global es una “economía con la capacidad de funcionar como una unidad en tiempo real a escala planetaria” (2000: 120).

(24) Porter sostiene que las cadenas de valor integran como un conjunto dinámico a las actividades primarias (logística dentro y fuera del territorio, las operaciones, las ventas, la mercadotecnia y los servicios), y a las actividades de soporte (desarrollo tecnológico, infraestructura de la firma, la dirección empresarial y los suministros) (Porter, 1986: 20-21).

(25) Partiendo de esta idea, Kaplinsky (2000: 8) señala que la producción per se es sólo uno de los eslabones que agrega valor pues en los otros eslabones hay actividades que hacen otro tanto.

(26) Las rentas más importantes y competitivas están vinculadas con las partes intangibles de las cadenas de valor (derechos de autor, marcas) (Kaplinsky, 2000: 15).

(27) Partiendo de la adaptación y extensión de las tipologías de rentas realizada por Kaplinsky (1998), el autor sostiene que las redes internacionales descansan en diversos tipos de renta: las cadenas destinadas al productor generan “rentas tecnológicas” —que “surgen del acceso asimétrico a productos clave y procesos tecnológicos”— y “rentas organizativas” —“se refieren a una forma de proceso de know-how intraorganizativo”, correspondiente a la producción flexible—; las dirigidas al comprador están basadas en “rentas relaciónales” —que aluden a “varias familias de relaciones entre empresas, incluyendo las técnicas de administración de suministro en cadena”— y en “rentas de política comercial” — constituidas por “el valor de la escasez —rareza— creado por las políticas comerciales proteccionistas”, como las rentas por la marca (1998: 17).

(28) Los clusters más relevantes son, entre otros: Taiwán, China, Corea, India, en Asia; Irlanda, Rusia, en Europa; Brasil, México y Argentina, en América.

(29) La RPG de Cisco, por ejemplo, integra a 32 plantas manufactureras formalmente independientes a lo largo y ancho del mundo.

(30) De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), de 1980 al año 2000 el número de trasnacionales en el mundo pasó de 7 mil a más de 45 mil. De este conjunto, las 200 más grandes suman ventas anuales combinadas superiores a la “suma total de las economías de 182 de los 191 países del mundo”. Asimismo poseen “casi dos veces más poder económico, en términos de ingresos anuales, que las cuatro quintas partes más pobres de la humanidad. Actualmente, de las 100 economías mayores del mundo, 53 no son naciones Estados sino empresas trasnacionales”. Entre 1983 y 1997 los ingresos de las 200 por concepto de ventas crecieron 160% y los beneficios combinados 224%. Finalmente, las crecientes fusiones entre las multinacionales concentraron más riqueza en menos “imperios trasnacionales” (Barlow, 2004: 139-140).

(31) Retomo de Duménil esta clasificación de las formas de aumentar la tasa de ganancia.

(32) Desde otra óptica Castells sostiene que si bien el empleo en información crece tendencialmente, aunque de manera muy moderada, el impacto productivo más importante es la incorporación del procesamiento de información a la “producción material o manipulación de bienes” (Castells, 2000: 239).

(33) Los profesionales que se dedican a la información, los “analistas simbólicos”, son los principales empleados en el proceso de trabajo informacional que utiliza una “mano de obra desechable, que puede ser automatizada o contratada/despedida/externalizada según la demanda del mercado y los costes laborales” (Castells, 2000: 302).

(34) Según estos autores el proletariado se ha socializado en la “multitud cooperativa”, de modo tal que el concepto proletariado integra “todos aquellos explotados por y sujetos a la dominación capitalista”. Para ellos todo tipo de trabajo (material, intangible, intelectual, afectivo, corporal) produce y reproduce la vida social “y en ese proceso es explotado por el capital” (Hard y Negri, 2000: 193).

(35) Esta “coordinación global del proceso productivo” permite acceder a importantes reservas de fuerza de trabajo de diversa calificación, lo que es “en sí una fuente de ganancias extraordinarias, ya que los costos de reproducción de esa fuerza de trabajo son sustancialmente más bajos que la media de las economías desarrolladas” (Rivera, 2007: 59).

(36) Dabat sostiene una idea similar al señalar que el concepto de renta tecnológica coincide con el concepto de plusvalía extraordinaria de Marx, y sólo se diferencia de este término “no en su calidad intrínseca, sino en su magnitud, que determina un tipo de desarrollo tan importante que lo lleva a convertirse en la forma principal de sobreganancia capitalista” (Dabat, 2008: 35).



 

(21) ajusta a los cambios cuantitativos generados por las modificaciones del nivel de demanda arreglo que se “obtiene modificando los ritmos de transporte por banda y de intervención de las herramientas” (Coriat, 2000: 65-66).

febrero 17, 2013 ·   editor ·  Sin comentarios Etiquetas:  · Categorías: Formación

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