Unidad Patriótica por el Rescate de la Nación. Discurso. 1-XII-2013


Mexicanos y mexicanas

 

Con esta movilización en defensa de la soberanía nacional, en contra de la  “Reforma Energética”, la privatización de la educación y la carestía, las organizaciones y los ciudadanos y ciudadanas integrantes de la Unidad Patriótica por el Rescate de la Nación, damos inicio a la resistencia nacional que pondrá un alto al proceso de ocupación neocolonial de nuestro país y a la regresión de los derechos del pueblo mexicano. Sin duda, la lucha será larga y difícil porque la única manera de superar el desastre nacional y la catástrofe humanitaria que vivimos depende de nuestra capacidad para desmantelar el viejo régimen político, oligárquico y antinacional; depende de nuestra voluntad de unidad y organización para sacar del gobierno a las camarillas que disfrazadas de partidos usurpan las instituciones de la república y violentan la Constitución; las mismas que a nombre del mal llamado “Pacto por México” traicionan a la Patria.

Nuestra resistencia será prolongada porque nuestro objetivo es la refundación de la nación desde lo popular. Aspiramos a construir la democracia, la justicia social y la soberanía nacional desde las clases proletarias y medias, desde las comunidades y pueblos originarios, a partir de sus poderes civiles, comunales y populares. Porque esta, es la única manera de recuperar el presente y el futuro que nos ha sido arrebatado por el capitalismo neoliberal.

La resistencia nacional se nutre de la lucha legítima de los maestros democráticos por defender el carácter público de la educación, de la prolongada y digna lucha  del Sindicato Mexicano de Electricistas en defensa del trabajo y la contratación colectiva, de las comunidades indígenas y campesinas que defienden el agua, sus bosques y sus tierras y, de la resistencia cotidiana de los ciudadanos y ciudadanas para defender sus derechos conculcados en las ciudades.

La resistencia nacional que hoy emprendemos exige de nosotros y nosotras la fidelidad a los principios, a la herencia democrática y libertaria del pueblo mexicano. De una nueva ética pública basada en las necesidades y los intereses de las mayorías excluidas y explotadas, que se realiza en la lucha por la igualdad y la liberación de las mujeres y el respeto hacia la madre tierra. En la pelea consecuente contra el racismo y todo tipo de discriminación motivada por preferencias sexuales o diferencias nacionales. Mandar obedeciendo, servir y no servirse de los cargos de representación, trabajar y no robar, hablar con verdad y no engañar, deben ser algunos de los principios sobre los que levantaremos un nuevo régimen político, económico y cultural. Sólo así podremos enfrentar victoriosamente a los enemigos de la nación y el pueblo de México: a los imperialistas y a la oligarquía mexicana, a esa clase extranjera y depredadora que en realidad no tiene nada de mexicana.

En cierto sentido el petróleo es parte de la sangre del pueblo y de la tierra que nos vio nacer; una de las pocas posibilidades que tenemos para superar la dependencia económica neocolonial a la que estamos sometidos y remontar el desastre humanitario y el estado de calamidad que padecemos.

No mentimos cuando afirmamos que en la lucha por la defensa de los hidrocarburos, la energía eléctrica y la cultura nacional se nos va la vida, que está en riesgo el futuro de la nación y el pueblo. No exageramos cuando decimos que las consecuencias de este nuevo despojo encarnado en la Reforma Energética de Enrique Peña Nieto y la clase política vende patria, puede ser más lesivo que el cometido por el imperio estadounidense en 1847 cuando nos arrebató el 55 por ciento del territorio nacional.

Nuestro país está exhausto, al borde de la catástrofe ambiental y del agotamiento de sus recursos petroleros, minerales e hídricos; sin soberanía alimentaria, sin empleos, con una economía estancada y desnacionalizada; incapaz de atender las necesidades de  119 millones de habitantes y de defender a más de 25 millones de nuestros connacionales que viven como indocumentados o ciudadanos de segunda al norte de nuestra frontera.

En cambio sí mienten, quienes sostienen que la entrega total de nuestra soberanía energética a las empresas trasnacionales y los gobiernos extranjeros, generará mayores beneficios para la población mexicana, haciéndose realidad el crecimiento económico, los empleos de calidad y una vida mejor. ¡Mienten desvergonzadamente!

Ahora es evidente que su Tratado de Libre Comercio con América del Norte sólo agravó la desigualdad, la pobreza y provocó el derrumbe de la soberanía alimentaria, de la industria y la banca nacional. Un tercio del país ha sido concesionado a empresas trasnacionales, mientras más de 10 millones de compatriotas fueron obligados a migrar hacia el vecino país del norte.

Otro tanto ocurre con la subordinación de México al esquema de seguridad nacional y energética de Estados Unidos, cuya falsa lucha contra el terrorismo y el narcotráfico sembró terror, inseguridad y miedo a lo largo y ancho del país. México ha pasado de ser  exportador de drogas, a país consumidor de las mismas. En los últimos 7 años más de 100 mil personas fueron asesinadas, cientos de miles han sido desplazadas, desaparecidas y secuestradas; en tanto, millones y millones de personas vivimos sitiados por el miedo y la violencia a lo largo y ancho del país.

En realidad, son ellos, el estado mexicano y el estadounidense, a través de la DEA, la CIA y el Pentágono quienes regentean a la delincuencia organizada. La guerra contra la delincuencia y el terrorismo es uno de los instrumentos del proceso de ocupación político militar de México.

Los gobiernos de la traición nacional han convertido a nuestro país en un protectorado yanqui y al usurpador en turno, Enrique Peña Nieto, en el moderno Virrey o Procónsul; que pretende concluir la transformación del estado nacional en uno de tipo antinacional con la complicidad de un Congreso de la Unión y de un Poder Judicial infestados de traficantes, ladrones y vende patrias al servicio del mejor postor.

Se benefician de este estado de cosas, los grandes oligarcas nacionales que atesoran enormes fortunas en medio de la penuria de más de 60 millones de mexicanos en la pobreza, se benefician también las grandes empresas trasnacionales que encarecidamente rezan por la completa privatización de PEMEX y CFE y se aprovechan los banqueros, los especuladores, los líderes charros, los patrones voraces y los delincuentes de cuello blanco.

Debe quedar muy claro que, en estas tierras, la resistencia no ha cesado, nuestros pueblos han luchado por más de quinientos años. Sin embargo, una de nuestras grandes dolencias ha sido la falta de unidad y la incapacidad de las direcciones. No podemos seguir repitiendo la historia, o nos unimos frente a los neoliberales y el imperio, o no tendremos futuro.

La unidad nacional de todos los opositores a la entrega del país por parte de las camarillas oligárquicas agrupadas en el mal llamado “Pacto por México”, es una condición para asegurar nuestra sobrevivencia y nuestra posibilidad de victoria. Es la única garantía para que la resistencia nacional culmine con la salida de todos los neoliberales del gobierno nacional, punto de partida fundamental para iniciar en gran escala la reconstrucción del país a través de la renacionalización de los bienes naturales y las industrias fundamentales de la patria. Es la condición para defender la soberanía energética, la educación pública y los derechos del pueblo, el basamento de un nuevo constituyente ciudadano popular que retome lo más avanzado de nuestras herencias nacionales y siente las bases de una convivencia popular sin opresión ni explotación. En fin, la unidad es la única posibilidad de no traicionarnos a nosotros mismos.

Por eso llamamos a todas y todos, organizaciones estudiantiles, sindicatos democráticos, organizaciones civiles y de defensa de los derechos humanos a impedir el paso de nuevas medidas antipopulares como el alza de precios e impuestos, a hacer frente común en contra de la “reglamentación” de nuestro derecho a la libre manifestación de nuestras ideas, a exigir la solución a las demandas de la CNTE y el SME, a condenar la criminalización del movimiento social y a exigir la libertad de los presos políticos.

Invitamos a construir un frente común de todos los opositores al neoliberalismo para impedir las modificación de los artículos 27 y 28 de la Constitución que nos despojan del petróleo y para derogar las reformas a los artículos 3º y 73º, que suprimen los derechos laborales de los trabajadores de la educación y dejan la puerta abierta para la privatización de la educación pública.

Nos resistimos a morir bajo la sentencia de que todo está perdido. En nosotros está la fuerza para sobreponernos a la criminalización de la protesta social, al autoritarismo de los decretos oligarcas y la farsa mediática que acompaña las reformas de los neoliberales. Necesitamos sumarnos todos a este gran esfuerzo.

La naturaleza de la agresión presente, más la suma de agravios cometidos contra la sociedad mexicana además de la creciente la ilegitimidad e ilegalidad del gobierno, nos plantean la necesidad de llevar a juicio político, por traición a la Patria, a Peña Nieto y a sus cómplices, a modo de preámbulo de la aplicación de un referéndum revocatorio para que abandone la presidencia. La gravedad del momento hace necesario que levantamos la consigna: ¡que se vayan todos los neoliberales!

Invitamos a participar activamente en los CERCOS al Senado el día que sometan al pleno la iniciativa de privatización energética y a integrarse en los trabajos y las protestas que desarrollaremos a durante el ÉXODO hacia la Capital, que arrancará un día después de iniciada la discusión en el Senado. Firmes y fuerte hermanos y hermanas.

¡Hasta la victoria siempre!

 ¡Unidos y Organizados Venceremos!

 ¡Viva México!

Diciembre 3, 2013 ·   editor ·  Comentarios deshabilitados Etiquetas:  · Categorías: Unidad Patriótica

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