Informe del CEN al Consejo Nacional Extraordinario del 29 de noviembre de 2009

MLN - 29.11.2009 - Sección: Consejos

El papel del MLN es radicalizar los procesos organizativos y las iniciativas políticas; diseñar las estrategias unitarias lo más amplias posibles, a efecto de configurar un movimiento de insurgencia cívico popular.

Avances y retos

1. El contexto

El país procesa una coyuntura no solamente compleja y difícil, sino cursa situaciones sumamente delicadas y explosivas, cuyas tendencias fundamentales se derivan del proceso de ocupación y coloniaje informal que padece la República, que tiene como perspectiva la refuncionalización de nuestra nación a un proyecto de dominación hemisférica, bajo la lógica, visión, intereses y la seguridad nacional norteamericana; no obstante lo anterior, se busca recomponer el aparato estatal, desfondándolo de todo patrimonio nacional, que culmine en una modificación de la relación entre gobernantes y gobernados ---con la salvedad de que estos últimos, dejan de ser sujetos de derechos sociales, se sumergen en una pérdida de ciudadanía y se colocan en un escenario de pérdida de sus territorios y lo que ello significa--- como un componente de la estrategia de imponer un nuevo modo de dominación en el país por parte del imperialismo norteamericano, la oligarquía local, su clase política y la derecha mexicana.

En este sentido, valdría la pena recordar que, los componentes de la polarización social y nacional… enunciados muestran una mayor radicalidad y una mayor ofensiva por parte de las elites económicas, políticas, militares, religiosas y culturales del país, en donde se exhibe sin disimulo que, tanto los intereses geopolíticos y estratégicos del imperialismo norteamericano como la rapacidad de la oligarquía local ---con sus elementos fácticos---, por ninguna razón van a negar ni a contener su naturaleza depredadora del patrimonio nacional, de despojo de las riquezas naturales y expoliadora de los recursos públicos.

A continuación enunciaremos de manera general, dos entornos sobre los que se están instalando las encrucijadas para el movimiento emancipatorio del país en general y para el MLN en particular, sobre las cuales habremos de actuar.

Por un lado, tenemos las tendencias nacionales, expresadas en: Uno, la dramática regresión social, económica y cultural en la que se ha sumido al conjunto de los mexicanos, que no es otra cosa que, tener un México devastado por la pobreza, la indigencia, la exclusión social y en un acelerado proceso de desgarramiento y descomposición social; Dos, el despliegue sigiloso de ocupación nacional, por parte de sectores oligárquicos, fácticos y de intereses foráneos, tanto del territorio nacional, sus recursos naturales, sus actividades, empresas y servicios estratégicos como de sus instituciones de representación política y de sus aparatos de seguridad; Tres, el dramático proceso de cancelación del futuro de todo el sistema de normas e instituciones que reconocen los derechos de los mexicanos y la propiedad de la Nación, para el ejercicio pleno de la Soberanía de México; Cuatro, la catastrófica degradación de la función de la defensa nacional y el envilecimiento de las fuerzas armadas, al subordinarse a la oligarquía y convertirse en un vil ejército de ocupación y de contrainsurgencia y; Cinco, la articulación de múltiples crisis, económica, alimentaria, de sustentabilidad entorno-ambiental, energética, de seguridad nacional, política y cultural, que sólo son comparables a las que dieron cauce a las Revoluciones de Independencia, de Reforma y la Mexicana de 1910-1917.

Por otro lado, y por si fuera poco a este drama nacional, se le aúna un aspecto de carácter geopolítico, a saber, el despliegue norteamericano de una estrategia integral de carácter militar para la región indo-afro-latinoamericana, expresada en: el neo-golpe militar en la República de Honduras (con el cual se puede inaugurar un nuevo ciclo de golpes militares en la región de América Latina); la intensión de instalar 7 bases militares en Colombia (Palanquero, Malambo, Tolemaida, Larandia, Apiay, Cartagena y Málaga, en donde se encubre una estrategia de anexión territorial de dicho país por parte de EE.UU., además de convertirse en una plataforma de lanzamiento de una eventual invasión a la República Bolivariana de Venezuela); la apertura de una base militar en Perú (posiblemente en Piura o los Andes Centrales a cambio de la aprobación de un TLC por parte del Congreso Norteamericano); la instalación de cuatro bases aeronavales en Panamá (con el cual se ajusta el cerco a Venezuela); la reactivación de la IV Flota Naval (que persigue la reorganización geoestratégica y ocupación de territorios, el control de las rutas marítimas y, la apropiación de los recursos naturales, de los bancos de biodiversidad, de los mantos de agua dulce y del petróleo); y el despliegue del Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (Proyecto de integración de nuestro país a EE.UU. y Canadá que cubre aspectos militares, de seguridad nacional, justicia, etc., con la que se encubre un proceso de conquista).

Todo ello en conjunto, le permiten a los intereses oligárquico-imperialistas conducir operaciones de espectro completo, para garantizar mínimamente cinco aspectos: a) garantizar la apropiación territorial de regiones donde existen recursos naturales estratégicos; b) contener el avance de gobiernos democrático-populares en la región, que están alejándose de la agenda neoliberal y las contra-reformas estructurales; c) desarticular los procesos emancipatorios que se están desplegando prácticamente en todos los países del continente; d) quebrar geográfica y políticamente, las alianza progresistas y estratégicas en los rubros mediáticos, energéticos, militares y financieros y; e) militarizar el ejercicio de la política, tanto de las derechas como de las oligarquías latinoamericanas.

Toda esta estrategia norteamericana y de las oligarquías y derechas de la región, obedece a que América Latina es hoy por hoy, el espacio geográfico y social en que se desarrolla con mayor contenido la lucha antineoliberal y antiimperialista; es el espacio geográfico y social en que se desarrolla una integración regional relativamente autónoma del dominio norteamericano; es el espacio geográfico y social en que se desarrolla, no un Tratado de Libre Comercio, sino una integración regional; es el espacio geográfico y social en que se desarrolla de cara a la crisis, no una regresiva y agresiva política fiscal, sino una fuete política social ante la crisis, etc.

Evidentemente, en este proceso destacan la heroica resistencia de Cuba ante el bloque norteamericano; la sagacidad de la República Bolivariana de Venezuela; el incontenible avance del Estado Plurinacional Boliviano; la lucha popular y nacionalista de Ecuador; los avances del gobierno democrático de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y el inminente triunfo de Pepe Múgica, ex dirigente Tupamaro, en la República de Uruguay.

Por lo tanto, estamos frente a cambios importantes de la geografía política de la región indo-afro-latinoamericana, lo que, la hace más diversa, plural y crítica hacia el planteamiento neoliberal y ha demostrado la posibilidad de las convergencias de fuertes movimientos sociales con las posiciones de izquierda, con método de lucha político electoral para hacerse del poder gubernamental en algunos países.
Evidentemente, este entramado organizativo de carácter geopolítico que se vive en el continente latinoamericano, implica una rearticulación innegable de múltiples escenarios con las dinámicas, tendencias y coyunturas que se viven en México, lo que sin lugar a dudas impactara en el diseño de las tareas políticas para el movimiento emancipador de los mexicanos.

Por ello mismo, es que los intereses oligárquico-imperialistas lanzan en México el escenario electoral 2010-2012: asaltando al sindicalismo independiente; buscando sustituir a las policías municipales con elementos castrenses; insistiendo en fiscalizar los recursos económicos de los partidos políticos y propiciando, por medio de una política económica pro-cíclica, anti-popular y anti-nacional, los precipitantes de guerra interna.

2. La coyuntura nacional

Sin embargo, estas tendencias y entornos, se encuentran marcadas por otros factores de suma importancia y que son propiamente de alcance nacional y que no hay que dejar de lado, por ejemplo, se viene mostrando que en nuestro país, están aflorando una serie de contradicciones al seno de la oligarquía (con respecto al combate al narcotráfico, al rol que se le ha asignado al Ejército Mexicano, al manejo de la crisis del país y por la disputa de la infraestructura nacional, como por ejemplo, la fibra óptica, la generación de electricidad, el espacio radioeléctrico, la red de gasoductos, entre otros aspectos), las cuales todavía no muestran un carácter antagónico, pero están en proceso de realineamiento y que bien pueden acentuar durante el 2010 y el 2011, no sólo el desgaste de la figura de por si ya maltrecha de Calderón Hinojosa, sino profundizar la descomposición del grupo dominante, con lo cual se ampliarían los márgenes de ruptura institucional.
Paralelo a ello, se han mostrado divisiones al interior del PAN y al seno del PRI, así como entre ambos partidos por la Ley de Ingresos y Egresos de la Federación, quienes no reconocen la paternidad de los acuerdos regresivos que asumió la Cámara de Diputados y Senadores. En los próximos meses se vaticina una nueva ruptura al interior del Revolucionario Institucional ---parte de este posible escenario es el inminente choque del Gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, contra Peña Nieto y Beltrones---, que no sabemos que tan profunda pueda ser y si pueda tener un alcance nacional, si es una mera ruptura de elites priistas o es el desprendimiento de su base social por no verse representados en la conducción neoliberal priista.

Esta posibilidad nos abriría un escenario favorable a impulsar una nueva vertiente del proceso de acumulación de fuerzas, que se oriente a nutrir la configuración de un amplio bloque opositor y, posiblemente tenga el alcance de alimentar los componentes del bloque nacional popular, pero sobre todo, la fuerzas progresistas deberán volcarse, a partir de este evento, a restarle base social al proyecto de Enrique Peña Nieto de asumir la Presidencia de la República.

A pesar de que existe la percepción de que el PAN se encuentra en debacle, no olvidemos que la elites tanto del PRI como del PAN comparten el mismo proyecto y agenda neoliberal, por ello, se está pactando entre ambos partidos el cambio de estafeta para que el PRI reasuma el Ejecutivo Federal, cuyo curso le imprimirían un mayor conservadurismo y oscurantismo a la vida nacional. Esto lo podemos atestiguar en su estrategia conjunta para conseguir el endurecimiento de la penalización del aborto en 17 Congresos Estatales y en la regresión de los derechos de la mujer que ello significa; en el paquete económico del próximo 2010, que fue diseñado e impuesto por ambos institutos políticos y que reduce al extremo los márgenes de sobrevivencia tanto de la mayoría de la población como de la pequeña y mediana empresa; en legitimar un régimen policiaco militar que regule la vida pública nacional y contenga el creciente malestar social; en estar minando insistentemente el Estado laico en México, para dar paso a un Estado clerical; en la imposición en el corto plazo de una mayor privatización de los servicios que presta el Estado; en el impulso a la Reforma Laboral a favor del capital, etc.

Por otro lado, tenemos que el movimiento popular y emancipatorio de México, ha mostrado desde el año de 1988 una tendencia en crecimiento, en la cual se han mostrado marcados momentos de reflujo o desarticulación, como en los últimos tres años ---posterior al 2006 y previo al evento SME---, en la que se evidencia una marcada tendencia de reflujo, debacle y desarticulación de los grandes proyectos organizativos, acentuada por la ofensiva de la cultura y la política neoliberal, lo que se ha traducido en una fragmentación de la clase obrera, en una diáspora de las expresiones orgánicas del campesinado, en una desestructuración del movimiento urbano-popular, en el desgaste del movimiento magisterial, en la fractura de las experiencias frentistas, en la marginación aún mayor de los movimientos emergentes y en la ausencia de una fuerza político social que articule al grueso de los movimientos.

Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que esta tendencia a la desarticulación y de reflujo en el movimiento, se marco desde el año de 2006, con la derrota de los movimientos significativos y de gran calado que se desplegaron en aquel entonces, tales como: i) la derrota político electoral de Andrés Manuel López Obrador y la incapacidad del movimiento para impedir el fraude y detener la usurpación del Poder Ejecutivo Federal; ii) el descalabro de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y la imposibilidad de revocar a Ulises Ruiz y mantener la cohesión del movimiento; iii) el infortunio de la lucha de los pobladores de Atenco y el encarcelamiento de sus principales dirigentes y; el fracaso de La Otra Campaña, sin la capacidad de instalarse nacionalmente, fracturados y sin cohesión estratégica.

Junto a lo anterior, también se padecieron derrotas menos significativas, pero que han abonado en la desilusión del movimiento en su conjunto, tales como: la sufrida contra la Ley del ISSSTE, la Reforma Energética, la ACE.

En esta situación, se instala en el escenario nacional, una crisis de los liderazgos, de las conducciones políticas y del sentido ético en la dirección política, ya sea en los movimientos sociales, los sindicales, los civiles, los partidarios, los institucionales, etc.

Estas circunstancias generaron una situación paradojal, creció el número de protestas a lo largo y ancho del país, sin embargo, los grandes referentes organizativos se disgregaron, a grado tal que han hecho difícil los procesos unitarios y convergentes al seno del movimiento democrático, popular y de izquierda del país.

Por ejemplo, en el movimiento en general, en sus expresiones orgánicas, se venía mostrando algunos rasgos de parálisis, desgaste, lucha interna, falta de conducción y de definiciones políticas en torno a los momentos claves que vive el país, como puede verse en la cíclica reactivación de las pugnas internas del PRD, que no obedecen a procesos de construcción de hegemonía programática, de proyecto o rutas estratégicas, sino a la disputa de los espacios de poder y reacomodo en cargos directivos, de representación popular y en el manejo del financiamiento público; se ha hecho evidente el desgaste de la figura del Subcomandante Marcos y del alcance orgánico del EZLN en distintas regiones de la entidad Chiapaneca, que muestran un debilitamiento organizativo y de capacidad de conducción, abonado por una política que asumen que no es favorable ni contribuye a los procesos de confluencias con distintas fuerzas a nivel nacional; la CNTE ha venido procesando problemas de cierta magnitud que muestran un serio desgaste y confrontación interna; el Comité Ejecutivo Democrático Nacional está prácticamente reducido al mínimo de sus fuerzas; el bloque conformado por la UNT muestra un grado de parálisis y división, marcado por la salida del sindicato del seguro social y viene impulsando la iniciativa del Movimiento por la Soberanía Alimentaria, Energética, los Derechos de los Trabajadores y las Libertades Democráticas; el Sindicato Mexicano de Electricistas procesaba una división y hacía patente la ausencia de una política de alianzas; el Diálogo Nacional cohesiona algunas fibras organizativas que deberán repensar la disminución de sus fuerzas y el rol de las formas frentistas de organización que tienden a cambiar y asumir formas superiores, como hoy lo puede ser la Asamblea Nacional de la Resistencia Popular, etc.

No obstante lo anterior, el movimiento en general ha alcanzado un cúmulo de experiencias y enseñanzas, que habrá que rescatar y sistematizar a efecto de dotarnos de un mayor conocimiento sobre las prácticas emancipatorias del país. Tenemos la experiencia acumulada en el EZLN, la Otra Campaña, el Movimiento Nacional por la Defensa de la Economía Popular, el Petróleo y la Soberanía; el Diálogo Nacional; el Movimiento por la Soberanía Alimentaria y Energética, los Derechos de los Trabajadores y las Libertades Democráticas; la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales; la Asamblea Nacional Unitaria de las Izquierdas; los Partidos Políticos de la Izquierda Institucional; el propio movimiento armado en sus distintas vertientes y, las distintas y diversas organizaciones en lucha y resistencia a lo largo y ancho del país.

Sin embargo, este proceso de reflujo del movimiento mexicano, expresada en la baja del número y nivel de las movilizaciones y en el repliegue de muchas fuerzas políticas y sociales a sus respectivas agendas, mostró un quiebre a favor de los procesos de rearticulación de diversas expresiones orgánicas del movimiento, a partir del anticonstitucional decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro, el pasado 10 de Octubre del presente año y del desconocimiento al Sindicato Mexicano de Electricistas.

El decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro, es insostenible en términos legales y económicos, sin embargo, este problema no se va a resolver jurídicamente, sino políticamente, para lo cual, la dirección sindical de los electricistas han definido su disposición a luchar contra el régimen, bajo la consigna de ¡Son Ellos o Somos Nosotros!

Está claro que el régimen oligárquico y la derecha mexicana no darán marcha atrás a la ofensiva que han desatado y, combinaran su cultura de impunidad con la acción de fuerza; combinarán el golpeteo policiaco-militar con la ofensiva mediática, apostándole a la desesperanza, la desilusión y al desgaste de los compañeros electricistas, para poder avanzar en el proceso de privatización del sector energético; para prosperar en su sed de apropiarse y usufructuar la red de fibra óptica e; ir hacia delante en su idea de desmantelar orgánicamente al SME, que en momentos clave ha asumido un protagonismo a partir de su historia, oponiéndose a la política neoliberal del régimen y a sus intensiones de privatización de sectores estratégicos del país.

Además, otra de las resultantes de esta ofensiva del régimen, ha sido la de favorecer la reactivación del movimiento de manera significativa, como lo muestra la conformación de la primera Asamblea Nacional de la Resistencia Popular del pasado 24 de Octubre del año en curso; el paro cívico del pasado 11 de Noviembre, en donde se dieron movilizaciones en la mayoría de las entidades del país; la movilización programada para el día 4 de Diciembre, denominada “Toma Simbólica de la Ciudad de México”. Estas circunstancias han favorecido al cambio de actitud de las diversas izquierdas del país, tanto la institucional como la no institucional, para desatar procesos de acercamiento y convergencia, porque se esta dimensionando una dura realidad: si no hay unidad en el movimiento, se impondrá la salida derechista a la situación de desastre nacional, con lo que ello significa, la confrontación en términos no políticos.

Frente a ello, habremos de radicalizar los procesos organizativos y las iniciativas políticas; diseñar las estrategias unitarias lo más amplias posibles, a efecto de configurar un movimiento de insurgencia cívico popular.



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